Sin duda, esta es la descripción que podemos dar de los días 5 y 6 de Enero.
Ya desde primero de años, con la inminente mejora de salud de Arturo, Vedly y yo hemos estado más que ajetreados. Había un montón de compras retrasadas, y nos referimos no sólo a los regalos, sino a alimentación, droguería, perfumería... en fin, todo lo necesario para el bienestar hogareño.
De modo que, día sí, día también, Arturo ha estado en la calle prácticamente todos los días. Resguardándolo lo suficiente para protegerlo de las heladas que han caído, eso sí, pero saliendo, al fin y al cabo.
El día 5, día de las Cabalgatas, Arturo disfrutó como un enano. De lejos, eso sí, con la compañía de su abuelo paterno y sus titos Juan y Adri, se sorprendía con la colorida comitiva, los caramelos, la animación musical, el ambiente y el confetti. Habíamos quedado con Irene, pero estábamos en el mismo sitio, pero en esquinas diferentes debido a la multitud que había allí y que impedió que pudiéramos reunirnos en un punto. Así, decidimos volver a ver la Cabalgata juntos en otro punto de la localidad. Las cuatro parejas -Juan y Adri, Rubén e Irene, Arturo e Irene y Vedly y yo-. La misma ilusión, caritas sonrientes y sorprendentes la de los dos pequeñajos, y algún que otro caramelazo a sus respectivos padres harán de estos instantes momentos inolvidables.
Arturo viendo la Cabalgata de Reyes
Luego, cruzamos medio pueblo para llegar a casa de los abuelos maternos, donde los Reyes Magos habían comenzado a repartir sus regalos con unas horas de antelación. La puerta del salón estaba cerrada y dentro esperaba el resto de la familia. Vedly abrió la puerta y Arturo entró, emocionado, confundido y con un rostro encendido. Le llamó muchísimo la atención los globos que adornaban el salón y el montón de paquetes de papel de colores llamativos que había. Eligió un par de regalos y en cuanto abrió su primer juguete, se entretuvo con él -eran unos tacos para niños pequeños, estuvo entretenido el resto del tiempo.
El resto de la noche, estuvo entretenido con todos los regalos que hubo: puzzles de madera, un volante para niños y tacos, porque con la ropa no se juega.
Tras la cena, nos dirigimos a casa de los otros abuelos, ya que los Reyes allí pasan de madrugada y nos quedamos a dormir. En esta ocasión, su tío y yo lo dormimos explicándole detalladamente en qué consistía la Navidad -en plan monólogo. Fue una noche movida, con un poco de tos y un compañero de cama muy especial: una foto de Arturo que no soltó en toda la noche.
El despertar fue distinto. A la habitación entraron todos los titos y despertaron a Arturo, que incrédulo, se despertó riendo. Nunca antes sus tíos lo habían despertado.
Los Reyes cumplieron con su reparto en el salón, lleno también de globos y vistosos paquetes. La entrada fue la misma, con la misma sonrisa, la misma ilusión. Se fue para el paquete más grande, repartió unos cuantos regalos, y al primero suyo, se entretuvo. Finalmente, los Reyes le trajeron una pizarra, un camión -que resultó ser también un andador- una piscina de bolas, un pulpo para aprender los colores y muchos libros de Pocoyo.
Al llegar a casa, nos encontramos con una pequeña sorpresa. ¡¡Los Reyes también habían dejado algo aquí, cosa que hasta la fecha no había sucedido!! Y en esta ocasión, para nuestros vecinos también.
El portal de Belén de Playnobil y el árbol de Navidad sobrevivieron a Arturo, que posa delante
de los mismos y de los regalos de casa.
A continuación, fuimos a casa de la vecina, llena, repleta de globos y regalos. Estuvimos allí casi dos horas, donde Arturo estuvo jugando con sus regalos y los de mi primo pequeño, con los globos, y bailando con el peluche de Bob Esponja Cuentachistes que habían dejado allí al lado.
Por la tarde, estuvimos de nuevo con Irene. Pasamos el resto del día en casa, jugando con los niños y con los juegos de mesa que me habían regalado. Irene traía otro regalo que los Reyes habían dejado en su casa para nuestro pequeño: un trailer de Spiderman con coches incluídos. Cenamos y, antes de que Arturo cayera extasiado en el dulce placer del sueño, visitamos a nuestro primo Álvaro, que nos recibió con muchísima alegría y donde abrimos su último regalo: un fabuloso libro de Cuentos para Dormir.
Allá donde fuera, Arturo disfrutó como nunca. En distinta compañía, distintos ambientes, pero todos llenos de alegría y curiosidad por ver su reacción, mucho color, muchas cosas nuevas...
Y el año que viene, más...
Arturo jugando en casa con algunos de sus juquetes.
Besos.